Versión digital: CEDAL Centro de Estudios Democráticos de América Latina
FORO
SOCIALDEMOCRACIA COSTARRICENSE
EN EL SIGLO XXI
Martes 8 de febrero en la sede de CEDAL
Jorge Urbina: Muy buenas tardes a todos y a todas. Es esta una primera actividad copatrocinada por el Centro de Estudios Democráticos de América Latina e impulsada por un grupo de liberacionistas llamados La Isla, que hemos venido trabajando alrededor de la idea de remozar al partido. Esta idea va dando sus frutos, y aunque casi todos los que estamos aquí peinamos algunas canas, guardamos la esperanza de que en un futuro –ojalá cercano- nuevas caras de gente joven vayan poblando cada día más y más las alas del partido Liberación Nacional. Y en este periodo en el que algunas personas han abandonado el partido, los que nos quedamos lo hacemos en el ánimo de demostrarles que se equivocaron, de demostrarles que vivimos en un partido fuerte, vigoroso, amplio, democrático, tolerante, y es con esa esperanza con la que vamos organizando actividades.
Anticipo para todos ustedes algo que muchos no saben, pero a raíz precisamente de nuestros trabajos alrededor del futuro del partido y de una visión de un partido renovado, propusimos la idea de darle al Instituto Rodrigo Facio una nueva autonomía, convirtiéndolo en órgano de partido y acordarle fondos suficientes para que reemprenda la tarea de reclutamiento y capacitación de nuevas generaciones. Hoy el instituto ya cuenta con nuevas aulas en el Instituto Cooperativo y con un presupuesto de 50 millones de colones para arrancar en un nuevo periodo, y ese será –creo yo- uno de los ejes desde los cuales girará el futuro de un partido nuevo, de un partido más vigoroso y más joven, con todo lo que yo los quiero a todos ustedes...
Estamos aquí para hablar un poquito de la Social Democracia. Hablar del socialismo democrático es hablar de ideas que ya van para tres siglos; hablar de la expresión "social democracia" es hablar de una expresión ya centenaria. La social democracia se ha presentado como una doctrina basada en principios firmes y constantes, con objetivos cambiantes en distintos lugares y ante distintos problemas. Un enfoque cambiante le ha dado también la posibilidad de plantear objetivos radicalmente distintos.
Esta perspectiva nos la recordaba don Pepe cuando en el prefacio de la Pobreza de las Naciones dedicaba el libro a John Stuart Mills y le decía "tendedor de puentes" y "apóstol de la solución racional". Estos principios que dan fundamento al pensamiento socialista democrático, a la idea de la democracia social, es un pensamiento imbuido profundamente de una pretensión racional. Por eso tenemos hoy aquí a distinguidos racionalistas: dos economistas muy queridos y un abogado muy querido: Marcelo Prieto, quien ha desempeñado muchos cargos a lo largo de su vida (para mí alcanzó dos honores que me ponen siempre verde de la envidia), haber sido presidente de la Juventud Liberacionista, que me parece que es un honor muy grande en la vida, y haber sido diputado y un diputado de los buenos. De los buenos también fue diputado Saúl Weisleder, un hombre que ha tenido una larga trayectoria de pensamiento y de militancia y Guillermo Zúñiga, nuestro segundo economista, quien fue viceministro de Hacienda y ha sido un hombre que se ha distinguido por una preocupación constante de la situación del país y por proponer soluciones.
En este mundo de hoy es quizás más difícil definir qué es ser social demócrata. Eso es más difícil después de que cayó el muro; fue más fácil el siglo XX, que fue -especialmente en su segunda mitad- un siglo poderosamente socialdemócrata, pero el mundo unipolar que lo ha sustituido y los renovados bríos del capitalismo han puesto a la social democracia a la defensiva en muchos casos. En distintos países se formulan tesis distintas; especialmente en Europa asistimos a mandatos muy distintos pero todos cubiertos bajo la misma pretensión, de ser enfoques que se toman desde la perspectiva de la social democracia. Y en Costa Rica, después de ocho años fuera del poder, Liberación Nacional también se pregunta –y yo creo que vigorosamente- qué quiere decir social democracia en Costa Rica.
Sin más, yo los voy a dejar con nuestros expositores de esta noche, reservándome todos los derechos del moderador, de interrumpirlos, interpretarlos y resumirlos oportunamente. Así que don Marcelo Prieto, tiene usted la palabra por veinte minutos.
Marcelo Prieto: Muchas gracias a Carlos por invitarme a esta actividad tan importante y muchas gracias a los compañeros que están aquí en este panel, porque estoy seguro que su participación enriquecerá muy significativamente este debate y este comentario.
Resulta muy importante discutir en estos momentos de la vida histórica del partido Liberación Nacional; cuáles son los conceptos básicos de la Social Democracia, cuáles son los conceptos básicos del pensamiento liberacionista, qué significa ser socialdemócrata y qué significa ser socialista democrático en el año 2005.
Como lo decía con toda razón Jorge, los orígenes de la Social Democracia se rastrean en la Revolución Francesa y antes de la Revolución Francesa. Y se consolidan hace más de cien años en un famoso debate ideológico, surgido en el seno de la Segunda Internacional y del partido socialdemócrata alemán, en la última década del siglo XIX. Y es importante recordar esto para enfocar adecuadamente el debate que hoy se plantea con relación a la flexibilidad o inflexibilidad o el dogmatismo o el oportunismo dentro de la socialdemocracia. Es importante recordarlo porque la Social Democracia se consolida como una corriente política, como una plena y completa identidad, surgiendo como una profunda revisión del pensamiento socialista clásico del pensamiento marxista clásico. Es decir, la Social Democracia se consolida de manera definitiva con una raíz revisionista, con una raíz crítica, y Edward Bernstein, a quien se le conoce generalmente como el padre de la Social Democracia, lo que hace es someter a varios de los postulados del pensamiento marxista a una crítica demoledora de frente a los hechos que estaban ocurriendo en el mundo capitalista en ese momento.
Esto es especialmente significativo en esa década, porque Bernstein había sido con Kaustsky uno de los principales introductores del marxismo dentro del pensamiento del partido social demócrata alemán, en el que había otras corrientes de pensamiento. En ese momento Marx acababa de morir, Engels todavía estaba vivo y había otras corrientes y otras ópticas, otros planteamientos -sobre todo los que provenían de La Salle- que tenían una vigencia muy importante dentro del partido social demócrata alemán. Y Bernstein, antes de ese debate, había sido un marxista dogmático, un marxista feroz y uno de los que más había contribuido a introducir los planteamientos del marxismo dentro del pensamiento del partido social demócrata alemán. Entonces, la crítica que comienza a desarrollar Bernstein en esa década y la posición antidogmática de Bernstein causó sin lugar a dudas una gran conmoción en el partido social demócrata alemán y en la Internacional Socialista en su conjunto.
Bernstein ataca fundamentalmente dos tesis que eran centrales en el pensamiento marxista de esa época: la tesis del derrumbe inminente de la sociedad capitalista, la tesis de la acumulación cíclica y creciente de un deterioro imparable del capitalismo, que iba a traer como consecuencia el derrumbe a corto plazo de la sociedad capitalista y la instauración de un régimen socialista. Y la otra tesis que Bernstein ataca muy vigorosamente es la tesis de la pauperización creciente del proletariado. Bernstein dice que no vemos síntomas de que vaya a producirse una catástrofe en la sociedad capitalista, la cual evoluciona, cambia, tiene crisis comerciales cíclicas, pero no vemos síntomas de una crisis definitiva que venga a traerse abajo a la sociedad capitalista en su conjunto, que vaya a producir un apocalipsis económico y social y que vaya a permitir que construyamos o que desarrollemos una sociedad socialista de una vez. Nada de eso está ocurriendo como tampoco está ocurriendo –dice Bernstein- que se esté pauperizando, que se esté empobreciendo el proletariado y que vaya a producirse allí un reventonazo social definitivo, sino que estamos viendo otras cosas: que las clases medias están desarrollándose, que por la acción del propio socialismo, de la propia social democracia, se están produciendo leyes favorables a los trabajadores, se está produciendo una reducción de la jornada de trabajo, se están produciendo transformaciones sociales y jurídicas, constructivas y positivas, que están permitiendo que una clase media vaya desarrollándose y que vaya estableciéndose poco a poco un sector de la economía en manos de cooperativas y no está produciéndose tampoco la pauperización irremediable y acelerada que Marx había previsto en una parte del capital.
Ante esta situación -pensó Bernstein- la Social Democracia tiene que cambiar su estrategia y su método de lucha. Frente a un fenómeno de esta naturaleza en que la sociedad capitalista no se va a caer ante un tsunami definitivo, el socialismo democrático no puede estar planteando una vía revolucionaria, no puede estar planteando la tesis de la dictadura del proletariado, ni la tesis de que debe transformarse la sociedad capitalista mediante la acción violenta, sino mediante otras formas de lucha.
Y entonces, en una famosa serie de artículos que se llamó Los Problemas del Socialismo, y que después se complementó con un libro también clásico llamado Las Premisas del Socialismo y la Misión de la Social Democracia, Bernstein le da vuelta a esas premisas y defiende posiciones que no eran las dominantes en ese momento en el partido socialdemócrata alemán ni en la Internacional Socialista.
Bernstein defiende –entre otras cosas- la indisoluble unidad entre la democracia y el socialismo y combate con una enorme fuerza toda la tesis, después desarrollada libremente por Lenin, de que era necesario el establecimiento de una dictadura del proletariado para poder construir el socialismo. Bernstein dice que nada de eso está presente en las condiciones de desarrollo económico social y político que yo estoy viendo; todo lo contrario, para nosotros es imprescindible la democracia como meta final, porque la forma específica que va a adoptar la sociedad socialista en el campo político es la forma democrática y en esto repite incluso palabras de Engels, en la famosa crítica al programa de Erfurt, cuando afirma que la forma específica de la dictadura del proletariado –dice Bernstein todavía usando esa expresión- es la república democrática. Bernstein insiste reiteradamente en esa unidad entre la democracia y el socialismo, concibiendo la democracia como la forma política que la sociedad socialista futura tendría que adoptar en definitiva, pero también como el camino, como la vía, como el medio para lograr la transformación de la sociedad capitalista.
El triunfo del socialismo no se iba a lograr entonces mediante el establecimiento de una dictadura del proletariado y mediante una revolución violenta, sino mediante una ampliación de las libertades democráticas, mediante una consolidación de la democracia y mediante una creciente participación de los obreros, por la vía de la democracia, en el parlamento, en el gobierno y en la transformación positiva de la sociedad, mediante el método evolutivo, mediante el método reformista.
Ese debate sigue durante todo el final del siglo XIX y durante las dos primeras décadas del siglo XX. Produce la división conocida entre bolcheviques y socialdemócratas; los comunistas se separan de la socialdemocracia, establecen la Tercera Internacional y una corriente que se dice ser la auténtica heredera del socialismo, con las consecuencias que ya conocemos, a lo largo del siglo XX, y que no voy a comentar acá. Se establece una dictadura, no del proletariado sino del partido; se establece no un régimen socialista sino un régimen capitalista de Estado; los trabajadores siguen siendo igualmente explotados bajo otras condiciones, pero eso se presenta como el único socialismo posible, como el socialismo verdadero.
El debate no termina. El revisionismo continúa planteando sus tesis. La Social Democracia alemana –que era la Social Democracia dominante en la Segunda Internacional en el mundo en esa década-, entra en una profunda crisis: Bernstein, Kautsky y otros se separan del partido social demócrata alemán en 1914, cuando la fracción legislativa socialdemócrata vota los créditos de guerra, le apoya al Káiser el presupuesto que éste presenta para entrar en la Primera Guerra Mundial, y entonces los principales teóricos del partido socialdemócrata alemán se separan y forman el partido socialdemócrata independiente, y después vuelven a integrarse otra vez al partido socialdemócrata alemán con la República de Weimar. De tal manera que las salidas y las entradas en los partidos socialdemócratas por diferencias de criterio, de método, por diferencias coyunturales, pues no son tampoco nuevas, y son un fenómeno que a lo largo de la historia del movimiento socialista se ha visto muchas veces.
Pero ese enfoque revisionista que plantea Edward Bernstein y que le da una raíz eminentemente crítica y racionalista de frente a los hechos del pensamiento socialdemócrata, encuentra también su correlato en los planteamientos de lo que podríamos llamar la izquierda democrática en América Latina, cuando el pensamiento de los demócratas comienza a permear y a desarrollarse en América Latina.
En su famoso debate con José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre toma el concepto de relatividad de Einstein y lo aplica a la sociología, lo aplica al análisis político y le dice a Mariátegui que las ideas del socialismo tienen que aplicarse en América Latina de conformidad con nuestro espacio y tiempo histórico, y tienen que adaptarse a las condiciones, a las peculiaridades, a las necesidades y realidades de nuestros pueblos. No puede haber un transplante del pensamiento socialista europeo, surgido en otras condiciones totalmente diferentes hacia América Latina.
Esa raíz crítica nos ha dotado también de un fuerte sentido pragmático en América Latina, en Europa y también en Liberación Nacional en forma muy particular. En un famoso discurso de Luis Alberto Monge -en 1969- ante la Asamblea Nacional del partido, que se llama Somos un partido joven, insiste mucho y desarrolla con toda propiedad este tema del pragmatismo. Dice que Liberación Nacional, firme en sus ideales, firme en sus planteamientos, firme en sus principios y en sus valores, es pragmático en la aplicación de programas, en la definición de políticas y en la formulación de recetas para resolver los problemas económicos y sociales, y que esas recetas tienen que surgir de un análisis cotidiano, permanente, de nuestra propia realidad y de nuestro propio entorno. Dice Luis Alberto que escojamos el camino medio, que escojamos el camino del pragmatismo; un camino distinto del dogmatismo enervante, rígido y también distinto del oportunismo politiquero-electoralista, que ha caracterizado a otros partidos en el mundo. Y yo pienso que ese consejo de Luis Alberto –tan mesurado como todo lo que Luis Alberto siempre ha planteado- es un consejo que nosotros los liberacionistas tenemos que recuperar ahora: buscar un camino medio, un camino que nos permita alejarnos del dogmatismo y de los dogmas vacíos de contenido y también que nos permita alejarnos del oportunismo y del electoralismo inmoral en que muchas veces se traduce la acción política de los órganos de partido o de los órganos de Gobierno en administraciones liberacionistas.
Debemos encontrar un camino medio, un camino que nos permita respetar y consolidar los valores y los principios esenciales del pensamiento socialdemócrata, entendiendo que tenemos que definir los métodos de lucha, los programas, las políticas, las instituciones aplicables en esta etapa de nuestra vida histórica para salir adelante. Nosotros no podemos aplicar recetas de hace treinta años ni de hace cuarenta años. El mundo cambió irremediablemente y Costa Rica cambió en mucho sentido por impulso del propio partido Liberación Nacional.
Hace cien años, en 1905, Einstein formuló la teoría de la relatividad restringida, y diez años después la teoría de la relatividad general. Cincuenta años después de esa formulación inicial murió, en el año en el que también murió otro gran representante de los nuevos paradigmas del siglo XX, en este caso Teilhard de Chardin, (en este caso en el campo de la física evolutiva y de la antropología), dejando Einstein un legado que en ciencias físicas ha transformado completamente la visión del mundo. Nosotros no podemos hoy entender el mundo –ni el mundo natural ni el mundo social- con la misma óptica que se entendía a principios del siglo XX. Pero además, en la realidad económica y social ha habido una inmensa transformación desde que hace cien años se planteó este debate sobre el revisionismo. Una transformación inmensa de un mundo bipolar, del mundo de la guerra fría, del mundo de la pos guerra y hoy estamos –como lo señalaba aquí hace unos minutos Jorge- en un mundo unipolar, un mundo en el que la teoría económica del capitalismo se ha convertido en la única economía; un mundo donde doscientas empresas influyen sobre la tercera parte del producto mundial; un mundo donde la duplicación de la riqueza mundial en los últimos cuarenta años ha estado aparejada al mismo tiempo con una triplicación de la pobreza, explotación y la exclusión.
Y lo mismo ha ocurrido en Costa Rica. La Costa Rica de hoy no es la misma del gobierno de Daniel Oduber o la de cuando termina la década de los setenta y entramos en la década de los ochenta, terrible para todo lo que significa desarrollo social. En los últimos diez años la economía costarricense se ha diversificado enormemente; hemos pasado de ser un país exportador de productos tradicionales a un país donde nuestra principal fuente de ingresos es el turismo; hemos pasado de un país en donde la mayoría de la población, que estaba en las zonas rurales, se encuentra en las zonas urbanas y la que está en zonas rurales se dedica a actividades de comercio y de servicio.
Estamos en un país, sin embargo, en el que ese crecimiento no se ha reflejado en un mejoramiento de las condiciones de vida y de las condiciones de trabajo de las grandes mayorías populares, sino que –por el contrario- los índices de pobreza se han mantenido alrededor de un 20% para las familias de Costa Rica, lo cual significa que la pobreza ha crecido en números absolutos en este país; el crecimiento no ha traído redistribución, lo cual nos debe llevar a pensar que nuestra tesis original de que no debemos esperar a que avance el crecimiento económico y a que se produzca el derrame -o la teoría de la boñiga, que llamaban los socialdemócratas originalmente- Nosotros no podemos aceptar esas tesis en ese momento y la experiencia de los últimos quince años nos lo demuestra. No podemos tratar de producir redistribución y allí están los economistas que me van a corregir o que me van a complementar. No podemos producir redistribución como consecuencia del crecimiento; tenemos que producir crecimiento como consecuencia de la redistribución. Y hay suficiente riqueza en este país para iniciar un esfuerzo de redistribución del ingreso que potencie la demanda y que permita un crecimiento sostenido distinto, más justo y más democrático.
¿Cuáles principios se mantienen? Desde luego los principios básicos tradicionales que hemos enunciado muchas veces: libertad, igualdad y fraternidad. Los mismos principios de la Revolución Francesa que se formulan a veces como libertad, justicia social y solidaridad. ¿Es importante definirlos? Sí. No lo voy a hacer ahora. ¿Es importante analizar su contenido? Sí. ¿Es importante buscar consenso sobre el contenido de esos principios? Sí. Porque si le preguntamos a un neoliberal si él aspira a una sociedad donde domine la libertad y la justicia dirá que sí y estará de acuerdo en que a lo que debemos aspirar es a la libertad y la justicia, pero: ¿cuál es el contenido específico de esa libertad y esa justicia que concibe el neoliberal y la que concebimos nosotros los socialdemócratas? La libertad para nosotros es una libertad distinta a las libertades neoliberales.
El principio de que nuestra acción política está centrada en el hombre y persigue mejorar las condiciones de vida del hombre. No es el hombre quien tiene que estar al servicio de la economía; es la economía la que tiene que estar al servicio del hombre. No es el hombre quien fue hecho para el sábado sino el sábado el que fue hecho para el hombre. Es el ser humano el que tiene que ser el centro de la acción política en todos los niveles. Y eso implica comenzar a desagregar algunos elementos. Estamos de acuerdo en privilegiar el trabajo -y por ello nos llamamos en algunos lados laboristas- como factor esencial en la vida económica y social. Estamos de acuerdo en que el trabajo humano es el valor fundamental en la vida económica y social práctica y que en el enfrentamiento entre el trabajo y el capital, entre el trabajo y la propiedad, entre el hombre y la empresa vamos a respaldar al hombre, al trabajo y no necesariamente a la empresa o al capital.
Respetamos un principio esencial: la rectoría económica del Estado. El mercado equilibrado, la libre oferta y la demanda, nada más existen ya en los manuales de economía y la mano invisible no es nada más que la garra del gran capital disfrazada y tapada con un guante de terciopelo lleno de sangre, sudor y lágrimas. La rectoría económica del Estado es un principio socialdemócrata que me parece que debemos reafirmar, en el entendido -por supuesto- de que no se trata de un Estado totalitario ni nada que se parezca, ni de una rectoría impuesta a base de cárcel, latigazos y balazos. No. Es un esfuerzo de planificación democrática, de planificación participativa, que garantice que el Estado tiene los instrumentos de política económica y social necesarios para orientar el proceso económico y para intervenir en defensa de las grandes mayorías populares en el proceso económico y social, cuando se dan distorsiones e incorrecciones.
Nosotros no creemos en el monopolio público de la propiedad. La socialdemocracia no es estatismo, y aquí cito también una frase famosa de Engels: "si el socialismo fuera igual al estatismo Bismark hubiera sido el mayor socialista del mundo" decía Engels al final del siglo XIX. Creemos en la propiedad mixta; creemos que, en algunas etapas de nuestra vida histórica, algunas actividades económicas son mejor desarrolladas y deben estar preferentemente en manos del Estado, pero otras actividades son mejor desarrolladas por la empresa privada y otras deben estar en manos de un sector de economía social, de un sector de economía cooperativo.
¿Cuánto, qué, cómo y donde nos ponemos de acuerdo para asignarle al sector privado, al sector cooperativo o al Estado?, me parece que es lo que debe ser objeto de un profundo y serio debate en los próximos años. Yo pienso que estamos casi de acuerdo con los principios y los con valores; que estamos casi de acuerdo con la meta, y que el gran debate tiene que ser sobre el camino, sobre los medios, sobre los instrumento, sobre los programas, sobre las políticas que vamos a desarrollar.
¿Qué vamos a privatizar? Esa es una decisión sobre la que tenemos que ponernos de acuerdo todos, ahora, antes de las elecciones. Es un acuerdo que tiene que tomarse en el congreso del partido Liberación Nacional, con un debate amplio y participativo, que dé los parámetros y no que diga necesariamente cuáles actividades hay que privatizar. Y esa decisión tiene que tomarse en el congreso del partido; no en el Consejo de Gobierno, no en la casa del presidente de la República, no en la Casa Presidencial, no en la fracción de Liberación Nacional, no en el Directorio Político, no en la Asamblea Nacional, no en la casa del candidato; esa decisión se debe tomar en el congreso del partido, mediante un debate amplio y abierto en el que participemos todos.
Llego hasta aquí compañeros. Me parece que el gran debate tiene que centrarse en el camino. El camino no es la meta. Estamos claros en la meta y tenemos que escoger y reafirmar una buena meta; pero si escogemos un mal camino no vamos a alcanzar es meta nunca. Tenemos que ponernos de acuerdo en el camino, porque si queremos llegar a la cumbre del Chirripó, tenemos que tener la brújula de que hablaba don Óscar Arias muy bien puesta para que nos señale el rumbo, porque si no podemos terminar botados en el Zurquí o en algún pantano, o en el basurero de Río Azul por no decir en el basurero de la historia. Escoger el camino es la tarea que tenemos enfrente en este momento, porque en los valores siento que estamos bastante de acuerdo. Vamos a encontrar el camino -estoy seguro- en los próximos meses, en los próximos días.
Muchas gracias.
Guillermo Zúñiga: Cuando Jorge me invitó a participar en esta actividad, de buenas a primeras le dije que aceptaba con mucho gusto. Cuando me senté a pensar de lo que íbamos a hablar, realmente se me convirtió en uno de los temas digamos profesionales o académicos o conceptuales más complicados, tanto que empecé a garabatear ciertas notas y por último decidí por escribir y viene saliendo... Así que yo les pido que me disculpen porque ni siquiera tiene la primera revisión. Pero se me convirtió en algo más cómodo el ir escribiendo en lo que iba pensando y consultado textos que venirme así de buenas a primeras.
De manera que el primer agradecimiento es obviamente por invitarme, por estar ustedes aquí presentes, por los compañeros de la mesa, pero, sobre todo, porque me da una oportunidad de sentarme a reflexionar, con cierta disciplina, sobre un tema que en primer momento suena muy sencillo. Es decir ¿qué significa la Social Democracia hoy? Pero es un tema que cuando uno lo empieza a desmenuzar, por lo menos a mí me resultó un reto intelectual enorme.
El tema no es nuevo para mí; lo he estudiado desde siempre, lo he discutido con muchos compañeros de manera informal a lo largo de estos años. Pero de ahí a tener que formalizarlo en una ponencia, hay un gran trecho. Por eso yo agradezco a CEDAL la oportunidad que me obligó a poner en orden en la forma más rigurosa posible mis consideraciones.
Debo decir que me gustó mucho la exposición de Marcelo y toda esa ubicación histórica que nos da –que vale la pena tenerla presente para nuestros propósitos- y curiosamente yo empiezo mi exposición con uno de los temas que él al final toca, cual es el de los fines y los medios.
Los fines del Socialismo Democrático no han cambiado: igualdad de oportunidades, distribución equitativa de la riqueza, guerra a la pobreza, el valor de la libertad y la solidaridad. Son los mismos postulados que a lo largo de la historia Liberación Nacional ha defendido, desde la Proclama de Santa María de Dota. La Social Democracia siempre ha querido también que el ser humano y su bienestar deben de estar en el centro del esfuerzo productivo y el ser humano es la razón de ser de la vida en sociedad.
En eso -me atrevo a afirmar- concuerdan otras agrupaciones políticas distintas a la nuestra; ellos por sus caminos formulan también que el bienestar del ser humano debe de ser el centro de su acción política. Un poco lo que decía Marcelo, en eso todos vamos a andar muy coincidentes. Entonces, si estamos de acuerdo con los fines, nos enfrentamos de lleno con el tema de los medios, es decir, los instrumentos que debemos emplear para lograr esos fines. Surge luego una pregunta totalmente válida y clave en nuestra discusión. ¿Son los instrumentos neutros? valga decir: ¿están los instrumentos del quehacer político y por mi sesgo profesional económico vaciado de un contenido teórico, de un contenido por tanto ideológico, la pregunta relevante se puede plantear de otra forma, ¿Se pueden buscar los postulados del Socialismo Democrático usando cualquier instrumento? A mí me parece que por ahí empezamos a desgranar el tema. Ante este tema que me parece fundamental yo mismo me respondo que no; que los instrumentos que se usan para hacer política de Estado no están vacíos de teoría y por tanto no están vacíos de contenido; forma y fondo en este caso van de la mano y reconocer esto ya es un gran paso.
¿Quiere decir lo anterior que no podemos en determinadas circunstancias "bailar con instrumentos que otras teorías nos dan"? obviamente no, siempre y cuando tengamos claro de los alcances de esas propuestas que nos están haciendo y eso es el principio de la negociación política en última instancia. A lo largo de la vida siempre vamos a tener que andar lidiando con otras posiciones y llegando a acuerdos con otras posiciones, pero se debe tener siempre muy claro qué es lo que significa aquello que nos están presentando Y qué es lo que significa aquello sobre lo cual estamos transando y pongo yo aquí, que posiblemente ustedes mismo ya han visto algunas broncas o rabietas que yo he armando en días recientes con respecto a ciertos temas específicos.
Del Estado de bienestar al Estado regulador: Usado más arriba el término política de Estado, y no fue puesto al azar. Es que hablar de Social Democracia es -en esencia- hablar de lo que debe ser el papel de Estado en la sociedad y en la economía. En los últimos años nos hemos contestado, convivir con un Estado regulador y hemos abandonado aquel Estado de bienestar que tenía muchísimo más presencia en la economía –algo mencionaba Marcelo-. Tengo para mí que este cambio deviene de la aceptación de los postulados del consenso de Washington y de la adición ideológica que ha acreditado con mayor presencia, lo que yo llamo la "inteligencia económica". Esta es una propuesta de política económica que ha andado por América Latina en los últimos veinte o veinticinco años y debe de decirse que por resultados mixtos poco halagadores, de hecho Stiglis, el Premio Nobel de Economía, después de explicarnos cómo en Chile se aplicaron una serie de medidas adicionales que no estaban contempladas en el consenso de Washington, como por ejemplo, un impuesto a la entrada de flujo de capitales -ustedes se imaginan lo que es proponer eso en Costa Rica, un impuesto a la entrada de capitales- o la exportación de cobre en manos del Estado. Afirma Stiglis que "actualmente en toda América Latina existe un sentimiento de desilusión con las medidas promovidas por los Estados Unidos y el Fondo Monetario. Eso está tomado de un libro maravilloso que se llama Los Felices Noventas, página 277. Y además reseña Stiglis cómo, a propósito de todas estas medidas, en América Latina aumentó el desempleo, se concentró el ingreso y aumentó la pobreza.
Los contenidos del consenso de Washington pueden resumirse en los postulados famosos que acuñó Williamson que muy rápidamente cito: disciplina fiscal, reforma tributaria que amplíe los impuestos, liberalización financiera, tipos de cambio que den competitividad a las exportaciones, liberalización comercial que elimine barreras cuantitativas y disminución de impuestos al comercio, inversión extranjera directa para abolir las barreras de entrada y permitir que la inversión doméstica y extrajera compitan en condiciones iguales, privatizaciones de las empresas del Estado, desregulación para que el gobierno reduzca las regulaciones que impiden la entrada de nuevas firmas o restringen competencia y garantizar los derechos de propiedad por medio de los sistemas legales para disminuir los costos relativos".
Amigos, esta listita que acabo de leer me parece que debe de ser muy conocida por todos nosotros, porque ciertamente estas medidas -que Williamson llamó el consenso de Washington- enmarcan en buena manera lo que fue la propuesta teórica, ideológica y política que en los últimos veinte años, veinticinco años, Washington y sus aliados han estado irradiando sobre América Latina. Y en Costa Rica, toda esta oleada teórica e ideológica no pasó inadvertida, sigo diciendo, vale la pena recordar en los últimos veinte o más años, han gravitado dos programas con mayor peso: los programas de ajuste estructural y los programas de estabilización, ambos con una gran influencia del consenso de Washington y con una gran influencia del pensamiento teórico neoclásico -como yo puse aquí, como veremos más adelante, creo que al final no logré establecerlo, pero si es del caso lo podemos hablar-. Definitivamente, las políticas de los programas de estabilización y de ajuste estructural tienen un basamento teórico fundamentado en el pensamiento teórico neoclásico de la economía.
Quiero referirme, de estos programas, a los programas de ajuste estructural. Estos le asignan al Estado un papel muy claro; si bien privilegia la acción de las fuerzas del mercado al proclamar que parte de las tareas del Estado son, precisamente, eliminar las distorsiones que el mismo Estado ha provocado, también le asignan una tarea de regulador para resguardar el orden público y le asignan también el papel de árbitro.
Ustedes recuerdan que en el concepto del ajuste estructural, el fundamento teórico principal que se utiliza, que se formula, es precisamente permitir que los mercados operen con toda libertad y evitar lo que se dio en llamar las distorsiones, distorsiones que en buena medida eran creadas por aquel Estado de Bienestar que era un Estado Interventor y entonces –como veremos más adelante- ahí nos encontramos nosotros con el problema de los medios y los fines; podemos estar de acuerdo con los fines, pero si usamos medios que objetivamente y teóricamente, desde su base, no están respondiendo a lo que estamos pretendiendo, ahí la cosa ya anda caminando medio enredada.
Me recuerda esto un poco a Milton Friedman -ustedes conocen a Milton Friedman, uno de los grandes ideólogos del neoliberalismo- quien en su libro Capitalismo y Libertad siempre insistió en que si bien las fuerzas del mercado debían operar con libertad, el Estado estaba llamado a ser un gendarme de las relaciones sociales y le asignaba al Estado tareas muy específicas; pero la preocupación es eliminar su participación pues distorsiona la eficiente asignación de los recursos y por tanto atenta contra la formación correcta de los precios, dicen estos señores.
Aquí hay que marcar una diferencia importante; ven ustedes que el mismo Friedman reconoce que es necesaria la participación estatal y como voy a mencionar más adelante, don Eduardo Lizano –que es quizá de los teóricos criollos nacionales el que más ha elaborado sobre el ajuste estructural también los formula- posición muy distinta cuando uno ve la radicalidad de las posiciones libertarias extremas, que ahí ni siquiera se tolera que el Estado debe tener una participación; ni siquiera, casi que ni regulando las más elementales normas de comportamiento del capitalismo.
Estas corrientes, las de programas de ajuste de inspiración neoclásica, en parte guiados por los mismos postulados de Friedman han tenido su versión tica, digo yo. El que mejor recoge estos planteamientos es don Eduardo Lizano quien ha tenido una presencia central en la conducción de la política económica nacional durante las dos últimas décadas. Pero además, don Eduardo tiene la virtud de ser de los economistas que ponen por escrito lo que piensan y eso lo hace en forma prolija; esto permite a los analistas contar con los materiales del propio actor para interpretar su acción -y esto es de las cosas que yo más le reconozco a Eduardo-. Uno podrá estar en cien por ciento de acuerdo con Eduardo o en desacuerdo cien por ciento u ochenta o noventa, pero ahí hay una honestidad intelectual y tiene la virtud de poner por escrito sus planteamientos y eso a nosotros nos da un a enorme tranquilidad para poder interpretar lo que él está formulando.
En el libro Programa de Ajuste Estructural en Costa Rica, en el capítulo que se llama En la Búsqueda de la Estabilidad y el Ajuste, el caso de Costa Rica, -que de paso esa fue una conferencia que él dio en un congreso de econometría mundial que hubo aquí en San José, Costa Rica, creo que eso fue en el año 88 o el 89- plantea que la tarea del ajuste estructural es eliminar las distorsiones que no permiten que el sistema de precios funcione, pero al mismo tiempo se plantea el problema del papel del gobierno en un programa de ajuste estructural; entonces él se pregunta: es evidente que la actividad gubernamental es un requisito indispensable para que la economía funcione adecuadamente, de igual forma es indispensable, el buen funcionamiento de los mercados, no se trata de una postura ideológica, sino de facilitar el logro de la asignación adecuada de los factores de la producción, un adecuado equilibrio entre la actividad gubernamental y el funcionamiento de los mercados es algo conceptualmente es deseable pero que en realidad difícilmente se llega a alcanzar"; página 88.
Pero quiero subrayar esto: es evidente que la actividad gubernamental es un requisito indispensable para que la economía funcione adecuadamente –ahí se le está dando una tarea- Más reciente, el Banco Mundial y otros organismos internacionales han insistido en la necesidad de reforzar otras tareas del Estado como la protección a la propiedad privada, la garantía y el respeto al institucionalidad, el buen ejercicio de la justicia y aspectos similares; todos tendientes a que el mercado opere con eficiencia dentro de un marco institucional certero que mejore el clima de inversión –como dicen ellos- y el clima de los negocios.
Esto, por cuanto la búsqueda de la eficiencia productiva es la que va a permitir repartir los beneficios del proceso del ajuste entre todos los participantes.
La versión tica de la teoría del goteo –que vos llamaste la boñiga -la atisbamos ya en ese mismo escrito de don Eduardo, cuando discute sobre la velocidad con que debe de darse el ajuste-: "La respuesta ante esta preocupación, -o sea, la velocidad del ajuste dice Eduardo- debería ser la de imprimir la mayor velocidad posible al proceso de ajuste, y nos refiere a unas notas. Esto por varias razones; en primer lugar, si el proceso avanza muy lentamente, los beneficios del programa serán retenidos por unos pocos empresarios que participan en él. Para que los beneficios se distribuyan y lleguen realmente a los grupos de trabajadores y a los consumidores de bajos ingresos, es necesario que la oferta de trabajo llegue a ser realmente inelástica -y ahorita explico qué es eso-; de esa manera conforme aumentan las inversiones y la producción en general también se elevaran los salarios reales".
Esto en palabras sencillas es esto: la idea es que debe aumentar la producción. Al aumentar la producción se va a demandar más capital y más trabajo; en los primeros momentos, al haber más inversión, el capitalista es el que va a acumular las riquezas que genera el ajuste. Pero conforme eso crece y crece, va a haber un momento en que el capitalista va a demandar más mano de obra, más empleo; pero como se va a demandar tanta mano de obra y tanto empleo, entonces va a haber un momento en el cual la oferta de trabajo va a reaccionar ya muy poco porque ya va a haber muy poca gente disponible; entonces los precios van a subir, el precio del salario. Y ahí entonces, en ese momento, ganancias y salarios van a poder compartir los beneficios del ajuste. Eso es lo que dice esto en palabras simples.
Y de esa forma digo yo -siguiendo a Lizano- se da la distribución de los ingresos y los excedentes nuevos que se generan; el argumento es este: al haber más producción y llegar a emplearse cada vez más trabajadores, luego, en algún momento, los salarios van a subir y yo digo que esto me suena al goteo, aunque él no lo plantea así en su libro, a mí me parece que esto es teoría del goteo. ¿Goteo qué es? Que crezca la producción, que se llene la copa y cuando esa copa esté bien llena las gotas van a caer para que se mojen también los que están abajo.
Yo que soy medio mal pensado lo que digo es que a veces cada vez la copa la ensanchan más y la ensanchan más entonces va a costar mucho llenarla, pero bueno, a eso vamos después. Más adelante en su artículo, y en un gráfico basado en Lewis, él explica cómo se daría el proceso: Conforme crece la economía, primero habrá más empleo aunque no necesariamente más salarios o crezcan los salarios- pero llegará el momento en que el crecimiento es tal que la oferta de trabajo se hará inelástica y la escaséz relativa hará que los salarios crezcan. De esta manera los incrementos en productividad se repartirán entre capital y el trabajo y el mismo mercado, o sea no tiene que intervenir nadie, es el mismo mercado el que se va a encargar de gotear los beneficios a los trabajadores y otros grupos no propietarios de medios de producción.
Esta posición que ha tenido un gran apoyo por parte de los gobiernos y de los mismos partidos, siento que es el centro de todas nuestras desavenencias, y por eso fue que me tomé el rato de estudiarme de nuevo a Eduardo, revisar esto del ajuste y ver lo del consenso de Washington, porque a mí me parece que ahí lo que hemos estado haciendo en los últimos veinte años es usar instrumentos que claramente tienen una perspectiva teórica, que obviamente reflejan una cierta ideología, y decimos que queremos hacer tal cosa pero usamos estos instrumentos. Digo yo, siento que es el centro de las desavenencias, pues conducen a una política económica que primero se preocupa por crecer y luego por repartir; al tiempo que propicia la solución de los problemas económicos –ahora diría, además de los problemas sociales- por medio del mercado. ¿Cuál debe de ser entonces la posición? No se puede negar que el mercado –digo yo, y esto es una convicción- ha sido la organización social más eficiente que hasta la fecha el ser humano ha diseñado para producir y pongo entre paréntesis: (al margen de los desperdicios) que el mercado hace de materias primas, los efectos nocivos que también tiene sobre el medio ambiente etc., o sea que ahí lo afirmo pero yo mismo me lo cuestiono.
Pero está claro que la teoría del goteo no ha sido suficiente. Esto nos mete entonces en dos problemas nuevos: Por una parte, ¿cuál debe de ser la propuesta económica del Estado ante esta circunstancia?, ¿cuál debe ser al mismo tiempo la teoría económica que nos debe de guiar para diseñar esa nueva acción estatal? Alex Callinicos, un profesor de la Universidad de Georgia, (este es un radical), en su libro Un manifiesto Anticapitalista, del año 2003, en el capítulo 2 que habla de variedades estratégicas, marca con buen aplomo que el capitalismo global es todo menos homogéneo. De hecho se enorgullece de su diversidad y la capacidad para contener una enorme variedad de diferencias, en la Pág. 87. Y esto es importante tenerlo en cuenta, porque si bien el capitalismo tiene sus raíces propias y únicas y tiene una lógica, no es el mismo por todo lado. Y entonces, parte de la inteligencia con que debemos actuar es poder interpretar las características del nuestro, del propio, para poder construir sobre eso.
Desde esa realidad ensaya distintas formas del anticapitalismo que él llama, que se puede dar, tipología sesgada al fin y al cabo y por tanto limitada y yo lo traigo a colación este tema, -no porque esté de acuerdo con las tesis de él del anticapitalismo como más adelante lo digo-, sino porque me parece que en ese concepto del anticapitalismo él lo que está reflejando es que el capitalismo que hoy vivimos, el global, el unipolar, el concepto americano de capitalismo que se impone, ha dado por tierra con los conceptos de igualdad, de libertad, de participación y de solidaridad.
Entonces lo incluyo porque habla de anticapitalismo reaccionario, burgués, localista, reformista, autonomista, etc. Para luego preguntarse –me parece a mí que en un tono que trata de retar al lector y es un tema además viejo en América Latina- bueno ¿y a qué vamos, la reforma o a la revolución? (eso lo pone en la Pág. 108). Y yo digo que tenemos que contestarle con toda tranquilidad, no vamos a la reforma -lo decía muy bien Marcelo- porque la Social Democracia es reformista. Busca el desarrollo del capitalismo, sí, pero bajo formas de distribución socialista. No pretende la suplantación del modo de producción la Social Democracia, sino el mejor reparto de lo que se produce, lo que obviamente el mercado no logra hacer simplemente por su cuenta.
La Social Democracia se basa más en un concepto -digo yo- de un capitalismo llamemos solidario, que abre oportunidades por igual a todos los ciudadanos; un capitalismo de tipo europeo y menos el capitalismo individualista tipo los Estados Unidos. Esta es una idea que desarrolla en una forma mucho más profunda Will Hultun en un libro que también vale la pena revisar que se llama: En el límite de la vida del capitalismo que lo escribe junto con Anthony Giddens. Y yo adiciono que esta visión individualista de los Estados Unidos se trasluce en los temas del consenso de Washington y me parece a mí –esto es una nota que se me ocurrió de último momento- se parece más al concepto de economía social de mercado que sí tienen los de la acera de en frente en materia política.
La economía social de mercado lo que trata es que el mercado opere aunque no pueda funcionar, a través de los bonos y estas cosas para que todo mundo se vuelva consumidor. Nosotros por el contrario, siempre hemos planteado que las soluciones son de tipo generalizado; ponemos el ejemplo de las viviendas: si nosotros hacemos un sistema para la vivienda que dé intereses con un cierto subsidio, etc., esa es una solución muy distinta que si nosotros ponemos a la gente a hacer fila para recibir un bono para poder ir a comprar el servicio de vivienda, y ahí hay una diferencia importante que, lamentablemente, caímos también nosotros en algunos momentos en temas de economía social de mercado, pero eso lo podemos discutir en otro día.
Otra aproximación a este tema: ¿qué hacer? me lo encuentro en un autor profesor español que se llama Ilsen Navarro, un tipo antifranquista que tuvo que asilarse, que hizo la vida académica y profesional en Londres y en los Estados Unidos, donde inclusive llegó a trabajar a la casa blanca –se acuerdan- en un proyecto de reforma sanitaria con Hillary Clinton. Él también fue asesor del Gobierno de Felipe González y presidió una comisión gubernamental que analizó las desigualdades sociales en salud, en España.
En su libro Globlización Económica, poder político y estado de bienestar de Ariel del año 2000, en el capítulo 2, él se pregunta si son posibles las políticas socialdemócratas en un país sumergido en una supuesta globalización económica. Es que esa es la pregunta: ¿podemos hacer Social Democracia en medio de un mundo globalizado?, y es que con ese cuchillo nos han tenido aquí a lo largo de casi dos décadas. Y su respuesta es afirmativa, hablando de España, pero aquí lo cito porque esta es una cosa importantísima, interesantísima para nuestro país hoy, dice: "pero la viabilidad de tales políticas socialdemócratas, dependerá más de factores internos que no de externos -o sea, somos nosotros los responsables- y muy en particular de la existencia de desarrollo de las instituciones políticas, de la existencia o desarrollo de las instituciones políticas y sociales que permitan el desarrollo de tales políticas socialdemócratas, entre las cuales ocupan un lugar central el pacto social entre el gobierno central, los sindicatos y el mundo empresarial". ¡Pues claro!, si la responsabilidad de la conducción de la política Social Demócrata es nuestra, es interna; conociendo las limitaciones que hacia el exterior tenemos, la única manera con la que contamos para poder avanzar en esa línea es ir en una forma unificada, negociada y claramente teniendo como norte, no la economía de la estabilización per sé, sino teniendo como norte la economía del Estado de Bienestar y la economía del pleno empleo que es la que nos debe de guiar a nosotros.
Debo decir, sin tener que ir muy lejos, que aquí en Costa Rica y lo digo con toda tranquilidad, para mi gran gusto y satisfacción me encuentro con un artículo que publica Oscar Arias el domingo pasado en La Nación, -supongo que todos lo han leído-. Se llama: "La Social Democracia que Defiendo", de donde rescato a propósito de este punto, dos párrafos que a mí me parecen centrales de lo que dice Oscar: -yo aquí lo ando porque lo traigo subrayado, porque yo soy medio fiebre, yo me estudio estas vainas-. Dice Arias Sánchez que "es hora de reconocer que el crecimiento económico no genera por sí mismo una mayor justicia social" -vean qué párrafo y sigue- y que el goteo en beneficios económicos, tan defendido por los economistas conservadores, es demasiado escaso como para calmar una sed de justicia social arrastrada por muchos años".
Yo cuando leí esto me alegré, yo me animé, porque aquí hay una ruptura, me parece a mí que Óscar está optando por hacer ruptura con la teoría del goteo y eso es un compromiso muy serio que está asumiendo con todos nosotros, no solo con nosotros sino con todos los costarricenses que leyeron esto y los que no lo leyeron. Y entonces, ¿qué papel le asigna al Estado en ese proceso de crecimiento y distribución?, digo yo. Citemos de nuevo sus palabras cuando está hablando de la necesidad de rectificar el papel del Estado; lo entrecomillo de nuevo: "esa Social Democracia debe comprender al mismo tiempo que es irracional confundir la rectificación del papel del Estado con una mutilación indiscriminada de sus capacidades, inclusive aquellas necesarias para llevar a cabo sus funciones como la redistribución de la riqueza, el combate contra la pobreza, la integración social, la inversión en capital humano e infraestructura".
Es decir, debemos rectificar la acción Estatal, sí; pero "no estamos –cito a Oscar- ante una teoría del goteo que opera con libertad y mágicamente, sino que tenemos que darle al Estado tareas directas que tienen que ver con el desarrollo de sus capacidades". Yo deseara que aquí dijera, además, en la búsqueda de un Estado de bienestar, en la búsqueda de una teoría de empleo pleno, en la búsqueda de una teoría de salarios suficientes. Pero bueno, ahí está puesto, porque además él invita a que discutamos este tema.
Difícilmente con este planteamiento se pueda reducir el papel del Estado a un simple gendarme o un simple regulador. Deben cumplir esa tarea, pero como bien señala Arias Sánchez, si el goteo no funciona el Estado debe comprometerse en las tareas de la redistribución de la riqueza y el combate a la pobreza, a la inversión en el ser humano y a la búsqueda de la integración social –y agrego yo- por medio de la generalización y de los servicios públicos, la política de pleno empleo y remuneración insuficientes".
Cierto que aquí Oscar hace una afirmación de un peso significativo y además claramente toma distancia de las simples soluciones del fundamentalismo del mercado liberal. Me parece que es una posición de vanguardia y lo siento como en sus buenos tiempos cuando levantó la lucha por la paz en Centroamérica.
Claro que ya se acabó el tiempo y se acabó el escrito. A mí me queda pendiente una cosa que tengo desarrollada por otro lado y me hubiera encantado y tal vez más adelante podamos hacer, porque están bien los planteamientos del Pacto Social, de la radicalidad, del reformismo y de la posición de Óscar que no acepta en estos momentos la teoría del goteo y estas cosas, pero ahora nosotros nos encontramos con un problema muy caliente entre manos: yo estoy muy claro que la teoría económica neoclásica no sirve, no es ni siquiera que es insuficiente; no sirve, y creo que ese es el problema que nos ha tenido a nosotros amarrados en este berenjenal, que decimos que vamos para allá pero usamos instrumental de una teoría que no sirve. Entonces el problema que tenemos nosotros ahora entre manos es ¿cuál es la teoría económica que sí nos va a dar a nosotros las luces para poder conducir una política de Estado que oriente ese pacto social? Que se haya hablado con Felipe o sin Felipe o que se haga como sea, eso hay que hacerlo, hay que reconstituir el Pacto que se ha conformado a partir de la Segunda República.
Bueno ese es el tema que está pendiente. Pensé que iba a tener tiempo de desarrollarlo –lo tengo desarrollado por otro lado- pero además ni el tiempo aquí, ni el tiempo en máquina me lo permitió. Pero creo que ahí es donde está el gran reto. Es decir, lo que tenemos que tener claro es que si vamos con ciertos objetivos no podemos utilizar instrumentos que no nos sirven y repito, yo con toda tranquilidad lo digo, con un conocimiento completo, con una tranquilidad de espíritu: la teoría neoclásica ya no sirvió, ya nos demostró que no funcionó. Entonces tenemos que ir a buscar una nueva versión. Posiblemente el keynesianismo nos ayude, el neokeynesianismo nos ayude; el ricardialismo y el neoricardialismo; el estructuralismo, la gente de CEPAL. Pero además, si uno empieza a revisar –cuando digo yo estas cosas, y con esto ya termino- si son las mismas vainas que hace muchos años en el pasado estuvimos utilizando y que de un momento a otro, por circunstancias internacionales, locales o lo que fuera, de problemas de la deuda etc., se nos montó una propuesta y una única visión del mundo que fue lo que me parece a mí que hizo a Marcelo decir: claro, ahora parece que economía es una sólo, algo así dijiste. No, la economía no es una sola, hay muchas versiones de economía y ahí es donde nosotros, cierto que tenemos la enorme responsabilidad de empezar a construir. Yo les pido disculpas porque al final se me salió lo de economista, pero creo que de alguna manera eso nos ayuda a ordenar el desfile. Muchas gracias.
Saúl Weisleder: Comienzo por agradecerle a CEDAL, a Manuel, el que nos haya facilitado este lugar para esta que yo considero una actividad muy interesante en este momento. O sea, que una de las cosas que tenemos que tomar en cuenta es que esta actividad no se da en cualquier momento; se da precisamente en este preciso momento y yo creo probablemente que en el intercambio posterior vamos a poder entrar un poco más a las preocupaciones de la coyuntura política, por decirlo de algún modo, y también agradecer a Carlos Revilla porque yo creo que la famosa lista del PLN fue por lo menos un "catalizador" para que esto se lleve a cabo. Expreso también el agradecimiento a los asistentes porque de verdad me siento muy honrado de poder estar en esta mesa con compañeros tan distinguidos; espero todavía poder agregar algo a las dos excelentes exposiciones que recién acaban de concluir.
Yo quiero primero comenzar por -eso lo escribí ahora, lo anoté mientras exponía alguno de los compañeros- que una de las preocupaciones que yo tengo presente son los cambios demográficos y de composición en las oportunidades laborales y de iniciativas que hay en el país -para hablar del país y obviamente del mundo- como criterio muy importante para nuestra acción política, ¿Qué tiene que ver esto con lo que estamos hablando de socialdemocracia? Bueno, yo soy de los que sostengo que es importantísimo tener presentes nuestras raíces, tener presente la historia, los conceptos ideológicos fundamentales, pero tenemos que pensar en el mundo de hoy y de mañana, y nuestra sociedad se ha transformado, como ya lo han explicado otros compañeros, muchísimo, sobre todo en los últimos veinte años –yo algo voy a decir sobre eso también- pero lo que no siempre vemos son esos cambios demográficos desde el punto de vista electoral, es decir, de lo que significa para Liberación Nacional, porque esa es otra cosa que quiero agregar. Es decir, este debate será también para aclarar conceptos, para tener más claros cuáles son los fundamentos de nuestras propuestas, para llegar a propuestas más cercanas a nuestros principios, pero también para despertar ese entusiasmo en miles, decenas de miles, centenas de miles de ciudadanos, para ganar una elección o muchas elecciones ojalá, y entonces el lenguaje y las propuestas tienen que considerar como está compuesta hoy día la sociedad costarricense.
Hace treinta o cuarenta años el mensaje era un tanto más sencillo en la medida en que se podían hacer propuestas desde nuestro partido que significaban ofrecerle a la gente la posibilidad de ir a emplearse al Estado, digamos en una proporción importante. Eso cada día es menos significativo. ¿Qué quiere decir eso para el que tiene una pequeña empresa de informática o para el que tiene una pequeña empresa de relaciones públicas etc.; no me voy a extender pero eso está muy en mi mente.
Desde mi punto de vista, o para mí en lo personal, este debate de alguna manera se origina o se remonta hacia finales de los años setenta o inicio de los años ochentas del siglo pasado –hay que decir ahora- del siglo XX.
Dos grandes acontecimientos políticos ocurrieron y un acontecimiento científico y tecnológico a nivel a nivel mundial, que son el origen en gran medida de lo que genera esta discusión. En primer lugar, el ascenso de Margaret Tachter al poder en abril de 1969 en Inglaterra, derrotando a los laboristas en una campaña precedida por huelgas prolongadísimas etc., etc., y del Ronald Reagan en enero de 1981. El ascenso de estos dos señores trajo al mundo una revolución económica-política que en aquel momento se conocía más como el ascenso del monetarismo; hoy nosotros, sobre todo en América Latina hablamos de neoliberalismo. Aproximadamente podríamos decir que son equivalentes, pero en aquel momento el concepto era monetarismo, Milton Friedman, digamos, el gran líder de esa visión.
Lo anterior significa que haciendo una visión de sociedad y una visión de la economía que representa un enfrentamiento sistemático, coherente -aunque no nos guste- al Estado benefactor y a las políticas económicas keynesianas o de corte neokeynesiano que hasta ese momento, especialmente desde fin de la Segunda Guerra Mundial, pero en Estados Unidos se podría decir que desde el New Deal de Rosevell, habían dominado la lógica de los planteamientos económicos, y la verdad es que nos guste o no esta fue una confrontación, un reto muy fuerte, muy claro y muy coherente a esa visión.
La segunda fue una revolución como dije, de carácter científico-tecnológico, la revolución microelectrónica, básicamente la incorporación de micro-chips al hardware de la computación. Eso conlleva más específicamente revoluciones en la informática y en las telecomunicaciones y de ahí hacia el resto del sistema. También se puede hablar de la revolución biotecnológica, pero creo que la revolución de la biotecnológica ha avanzado de manera más lenta en sus efectos sobre el sistema como un todo. Pero la revolución que representó la sustitución de los transistores por los micro-chips, implicó casi de inmediato un cambio fundamental en las relaciones económicas a lo largo del mundo.
Pensemos por un momento, aquí tenemos una combinación de gentes de distintas edades; somos más los veteranos que los jóvenes, pero mientras anotaba estos apuntes me puse a pensar que recién –no voy a dar fechas exactas- aproximadamente alrededor de 1982, entre el 82 y el 84, aparecen las primeras PCs, las primeras computadoras personales; o sea, los muchachos hoy no se pueden imaginar que no existía antes una PC y las laptops son muy posteriores. O sea, estamos hablando de apenas veinte o veinticuatro años en que aparece ese famoso aparato que son las PCs o los faxes, por ejemplo. Más tarde hacia fines de los ochenta la telefonía celular; son aparatos que han transformado radicalmente nuestra sociedad y en consecuencia con implicaciones económicas, sociales y políticas enormes, pero muy recientes. Pongámonos a pensar que cuando aparecieron los Ataris o los juegos electrónicos, aquello fue una cosa impresionante: Hoy eso está en el cajón de la historia, pero de eso hace apenas 22 o 24 años.
Esas transformaciones, tanto las que menciono desde el punto de vista científico-tecnológico, la revolución de los micro-chips, como la revolución política que significa el ascenso de estos proyectos políticos al centro de dos de las potencias económicas y políticas a nivel internacional, les permite a esos países salir de una baja continua que venían teniendo y la verdad es que en aquel momento –a mí me tocó vivir en Inglaterra entre el 79 y el 81- la discusión todos los días era cuántos más desempleados había, cuánto más se cerraban más minas, con enorme frecuencia y con consecuencia a los puertos etc. Entonces, las ciudades de los midlands y del norte de Inglaterra iban quedando desiertas y la gente desempleada etc.; eran como ciudades fantasmas y a nivel general, quién se iba a imaginar de que años después Inglaterra recuperó su posición cuarta o quinta potencia económica a nivel internacional, porque transformó totalmente su base económica. En veinte años estas economías se transformaron radicalmente, rompiéndose la lógica de 40 ó 50 años en los que la socialdemocracia estaba en ascenso. Un efecto de todo lo anterior fue la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética.
Ahora vengámonos a Costa Rica. ¿Qué pasa en Costa Rica en esos años?. En 1982 al Gobierno de don Luis Alberto Monge le toca operar en ese contexto internacional, internamente, después del Gobierno de Carazo y además hay un fuerte lucha político-militar en Centroamérica, particularmente en El Salvador, Nicaragua y Guatemala; el Mercado Común Centroamericano está en crisis; el mercado interno está totalmente deprimido; hay fuertes desequilibrios macroeconómicos; descenso de la producción y consecuentemente aumento del desempleo y una inflación que llegó a ser en el año 82 cercana al 90%, y una devaluación más bien de tres dígitos.
Con el cuadro anterior se produce una confusión, una incertidumbre sobre la falta rumbo y perspectiva; es decir, entra en terrible crisis lo que podríamos llamar cuál habría de ser la estrategia de desarrollo del país. Consecuentemente, dentro del Partido Liberación Nacional hay una especie de crisis ideológica, que a mí me parece que durará hasta hoy on distintos matices y en distintos momentos y en diversas intensidades-. Pero el origen en realidad de lo que hoy estamos discutiendo está ahí, está en ese momento. Hasta ese momento, hasta el gobierno de Daniel Oduber que finaliza en el 78, estaba bastante claro cuál era el programa político de Liberación Nacional, cuál era la estrategia de desarrollo que le proponía al país, pero ya en el 82 eso no era así.
En ese contexto las medidas principales que se toman en un gobierno liberacionista como el de Luis Alberto Monge, fue la firma de un acuerdo stand by con el Fondo Monetario Internacional; la aprobación de la Ley del Equilibrio Financiero de la República que contiene entre otros elementos la creación del llamado contrato de exportación, o sea, que es ya los incentivos a las exportaciones no tradicionales, no se dan simplemente por ley sino que el Estado firma con cada exportador -que se supone califica- un contrato en el cual se le otorga un conjunto de beneficios; la ampliación de los beneficios de los certificados de abono tributario o CATS. Los CATS no son de los últimos diez años, de los últimos once años; los CATS yo no sé si fueron creados en el último gobierno de don Pepe o en el Gobierno de Daniel Oduber en el 74-78. Lo que pasa es que no eran importantes porque no había esfuerzo exportador y la diversificación de las exportaciones no se dio. Cuando se cambia la estrategia económica del país y se empiezan a generar las nuevas exportaciones, las exportaciones no tradicionales en volúmenes, cantidades importantes, los CATS adquieren una enorme importancia, pero además, se amplían los beneficios.
Anteriormente la ley establecía que se podía dar hasta el 15% del valor agregado nacional como beneficio a las exportaciones no tradicionales. La Ley de Equilibrio Financiero establece que se podrá dar hasta el 30% en casos calificados; en la mayoría de los casos creo que los beneficios eran del 20 o del 25%. Se reducen las sobretasas a las importaciones, se eliminan los impuestos a las exportaciones, se negocia y se firma en ese gobierno -yo fui parte del equipo técnico que contribuyó a esa negociación y Juan Manuel Villasuso, era el Ministro de Planificación-, el PAE I -el primer programa de ajuste estructural- que entre otras cosas lo que conlleva es, ahora sí, reducir más fuertemente todavía los aranceles a las importaciones y limitar el financiamiento al Consejo Nacional de Producción en la producción de granos básicos, prácticamente el cierre de CODESA y eso es el PAE I negociado en ese gobierno y firmado en ese gobierno. Se establece el plan de fomento bananero; recuerden la retirada de la Compañía Bananera en el Sur y entonces se establece un plan de fomento bananero con incentivos muy importantes; ese plan se consiguió, negocio y ejecutó fundamentalmente en el Ministerio de la Presidencia a través de JODESUR, que don Carlos Manuel Vicente dirigió. El resultado económico de todo esto fue que Costa Rica logra superar la crisis mucho más rápidamente que todo el resto de los países de la América Latina, con un costo social –casi es exagerado decir- pero infinitamente menor que el resto de los países de la América Latina, ya no sólo de Centroamérica.
Costa Rica, gracias a que los gobiernos del 70 al 78 de Liberación Nacional tuvo las Asignaciones Familiares etc., logró tener mucho antes que los préstamos que más tarde estableció el Banco Mundial, los llamados FIS o Fondos de Inversión Social, tenía sus propias asignaciones familiares, que no eran préstamos externos sino que era un financiamiento permanente. Yo aquí siempre le hecho flores a mi querida compañera María Lidia Sánchez y a nuestra querida y difunta Matilde Marín, porque ellas dieron una enorme pelea cuando se hacían todos estos cambios, para que, está bien, se dieran todos esos cambios, pero que se conservara no sé si todo o parte de las sobretasas de las exportaciones para que siguieran financiando los CEN CINAI. Y cuando se firmó la Ley de Equilibrio Financiero que traía todos estos cambios de modelo -en el Parque Nacional- ahí estaban todos los niños de las guarderías, -¿verdad María Lidia?- agradeciendo, porque al mismo tiempo que se hacían todos estos cambios, simultáneamente se conservaba gran parte del Estado Social que Liberación Nacional había generado en Costa Rica.
Bueno, entonces el resultado de todo eso es esa superación de crisis, nueva generación de empleo, una enorme diversificación productiva y de las exportaciones, como mencionaba Marcelo hace un rato. Pero si ustedes recuerdan, los que tenemos edad para recordar -y los más jóvenes tal vez no- las críticas y los debates que había al interior de Liberación Nacional porque estábamos cambiando el modelo, porque nos estábamos haciendo neoliberales, porque estábamos destruyendo el Estado socialdemócrata, pues entonces entenderán mejor por qué yo digo que este debate de ahora en realidad se origina ya desde ese momento.
Digo yo que en este contexto se inicia un debate soterrado en el país y en el seno del partido. Ese debate continua -y se profundiza todavía más- en el Gobierno de Óscar Arias, especialmente alrededor de dos programas: uno es lo que se llamó la agricultura de cambio -que trajo la caída no sé si de dos o de tres ministros de agricultura- y el famoso PAE II, ya no el PAE I sino ahora el PAE II, que trajo la caída de Ottón Solís, o la salida, como queramos llamarlo.
Es en esos días que escribo –por toda esta razón- mis primeros artículos sobre el tema, y tengo un debate con Telmo Vargas que se llama Social Democracia y Liberalismo, y esos artículos están recogidos en este librito publicado por la Universidad Nacional en 1992 o 93, que además tengo la satisfacción de que su prólogo fue escrito por nuestro muy querido don Fernando Volio Jiménez. En uno de esos artículos, de julio del 87, yo digo que existen en el seno de Liberación Nacional tres corrientes: a una le llamo el liberacionismo liberalizante, cuyo máximo exponente sería don Eduardo Lizano; a otro lo llamo la Social Democracia Estática y a otro le llamo la Social Democracia Remozada. Y en otro artículo, del 21 de enero de 1988, porque yo aquí vengo a hablar más que todo de la Social Democracia Remozada, de justificar por qué creo yo, es decir que no solo es un nombre, que no sólo es una etiqueta más, sino que es algo claro que no está desarrollado hay que darle contenido, se dice lo siguiente:
"En el artículo al que hago referencia señalé y expliqué tres elementos principales, que es el artículo anterior que definen la Social Democracia Remozada, a saber: una nueva preocupación y uso de la economía política, de la economía política en el buen sentido. Guillermo y yo durante un tiempo creímos –aquí hay que hablar claramente- que economía política era sinónimo de marxismo, pero eso no es así.
Guillermo Zúñiga: Yo no, tal vez vos. (risas)
Saúl Weisleder: Para todo caso, una nueva preocupación y uso de la economía política.
Segundo, el reconocimiento de los retos y oportunidades que impone el acelerado proceso de desarrollo tecnológico a nivel internacional, que conduce a la necesidad de establecer un verdadero planteamiento estratégico. Y tercero, el papel activo del Estado en la orientación y control de la economía como elemento definidor de última instancia, frente al mercado, mecanismo natural y fundamental en lo económico y agrego dos parrafitos: "La Social Democracia Remozada implica una actitud crítica frente a la historia, capaz de replantearse la obra histórica del partido con profundidad y sin ataduras, dentro de los principios filosóficos y políticos de la democracia sin apellidos. Implica también tomar de y contribuir al pensamiento socialdemócrata internacional, no sólo en cuanto a la reflexión teórica en sí, tan importante y útil, sino en lo que se refiere a la acción política y de gobierno de otros partidos socialdemócratas del planeta. Es superar visiones aldeanas atadas al pasado sujetas a dogmas y preconcepciones, es trascender, con rigor de método y altura de miras, al conservadurismo, al liberalismo y al marxismo, corrientes ideológicas contemporáneas con las que, en dialéctica permanente, se enriquece el pensamiento y el quehacer propio, pero de las que se separa la Social Democracia en puntos cardinales que en su conjunto la definen como doctrina propia y forma de pensamiento dominante de nuestra época". Eso era del 88, yo creo que antes de Anthony Mills.
¿Porqué es importante el debate?. Un debate riguroso siempre refresca el pensamiento. Esto para mí es muy importante. Nosotros debemos superar una especie de complejo de culpa que tenemos frente a las fuentes y una actitud defensiva frente a los adversarios. Tendemos a estarnos defendiendo y considerar que algo malo estamos haciendo porque nos hemos separado de algunos puntos esenciales. En tercer lugar, un debate permite reconocer los fenómenos reales fundamentales y no sólo elaboraciones mentales o teóricas. Es el mejor método para hacer una buena ciencia: reconocer los fenómenos reales y a partir de ellos reflexionar. Nos ayuda a plantearnos cómo enfrentar nuestros desafíos y nos ayuda a reconocernos como que somos de los mismos.
Bueno, no creo que yo tenga la respuesta en pocos minutos a esta elaboración; creo que tiene que ser un trabajo conjunto, pero intento aquí decir algunas cosas de las que creo forman parte de eso que he llamado Social Democracia Remozada. Sin cambiar los principios se reconoce que los medios o instrumentos deben estar en revisión permanente –Guillermo tiene razón- cuando afirma que gran parte de la discusión es sobre los medios o instrumentos.
Ahora, ¿cuáles principios? Porque efectivamente, en la mayoría de los principios si se denuncian tan genéricamente, pues también estarán de acuerdo en ellos los Socialcristianos y otros. Trato de acotar un poquito, no creo que lo logre. Creo que esos principios parten de una enunciación muy simple que hizo don Pepe o la Proclama de Santa María: el mayor bienestar para el mayor número, en primer lugar. En segundo lugar –y esto creo que sí no está contenido en ningún documento en mi opinión-; la lucha contra la pobreza a favor de una situación de una educación básica y creciente en el tiempo, hoy día nueve años por lo menos, para todos el acceso efectivo a la salud y a una pensión mínima, son prioridades absolutas y cuando digo prioridades absolutas lo que quiero decir es que no deben competir entre sí desde el punto de vista presupuestario del Estado, ni estar sujetas a otras acciones del Estado. Es decir que son prioridades per sé y no se discuten y hay que tratar de lograrlas. Las defino de esa manera: lucha constante contra la pobreza, una educación básica y creciente en el tiempo, de por lo menos nueve años para todos, acceso efectivo a la salud y a una pensión mínima. El Estado, por medio del Gobierno, son sus garantes.
Tercero, en los conflictos entre el interés público y el privado, el interés público siempre debe prevalecer. Aquí hay que hacer algunas excepciones, no las pongo todas; se exceptúan los ámbitos de la vida privada como la libertad de pensamiento y expresión, la sexualidad etc.
En cuarto lugar, mediante los ingresos y el gasto público se debe buscar la mayor equidad posible, reconociendo que en las economías modernas la iniciativa privada es el motor principal y esta opera en función de la maximización de utilidades. Y esa es una realidad que hay que reconocer y entonces el Estado tiene que intervenir para regular, para controlar, para supervisar y para establecer equilibrios, porque el mercado no va a establecer esos equilibrios, en eso estamos totalmente claros.
El Estado debe actuar para prevenir, evitar, eliminar y controlar los desequilibrios económicos y sociales. Reconozco que sobre la base de un conjunto de principios como estos, por supuesto no exhaustivos y discutibles, se abre una interesante discusión sobre los instrumentos a aplicar. Yo creo que estamos en esa búsqueda, gracias.
Comentarios de los expositores
Marcelo Prieto Jiménez: En primer lugar me parece que hemos coincidido bastante en un elemento fundamental: las recetas del modelo neoliberal, monetarista surgido en la segunda mitad del Siglo XX como producto de la escuela neoclásica, no funcionaron, han demostrado su ineficacia en el mundo y en Costa Rica. Ojalá no aceptemos la tesis que en algún lado expresa Eduardo Lizano, de que aquí no funcionaron porque les faltaron otras cosas que meterle y que si ese cambio hubiera sido más profundo sí hubiera funcionado; ¡Dios libre!, si en quince años casi nos mata de hambre, lo dejamos que termine estaríamos todos muertos. Ojalá que los votos de Liberación Nacional no sirvan para hacerlo diputado o ponerlo de ministro otra vez o que ocupe ninguna posición en el próximo gobierno de Liberación Nacional, porque ahí si estaríamos en contra de todo lo que plantea Don Oscar alrededor del cambio de enfoque.
Pero bueno, creo más o menos estamos de acuerdo en esa tesis y eso nos lleva a otra conclusión básica. Si queremos hacer una Social Democracia Remozada, sí queremos revisar nuestros instrumentos, nuestros programas, nuestros planteamientos, si queremos construir la Social Democracia del futuro, esa Social Democracia del futuro no se puede construir con los escombros de la teoría de la teoría neoliberal y ya demostraron que fracasaron. Entonces busquemos nuevos instrumentos, pero no permitamos que se sigan repitiendo, resurgiendo y resucitando recetas que no son nuestras, que ya demostraron que fracasaron y que tenemos que desechar definitivamente para encontrar un nuevo método de construcción de la sociedad justa que queremos.
Una sociedad en la que el Estado -y aquí hay que afinar la puntería y afinar el lápiz para mejorar más y coincidir más en el papel del Estado- no puede ser árbitro de ninguna manera, el Estado Social Demócrata o es neutral, está a favor de los trabajadores; es un estado que no puede ser gendarme, sino que usando más que la expresión del Estado de Bienestar, que es una expresión sobre todo, yo recordaría una expresión que usaron más los socialistas franceses, la expresión del Estado Providencia, el Estado como instrumento de la sociedad para garantizar la satisfacción de las necesidades básicas de toda la población. ¿Cómo construimos ese Estado? ¿qué instrumento le damos? es una tarea que tenemos por delante.
Y dos o tres elementos centrales que no mencioné que deben incorporarse a nuestro pensamiento: La defensa del medio ambiente –que es una tarea central en la Social Democracia vieja, clásica y en el pensamiento político y económico clásico, de todas las vertientes-; esto no se tomaba en cuenta; tiene que ser un elemento central la preocupación por la educación en el nuevo mundo, en la nueva sociedad del conocimiento. Sin una educación firme, sin una educación sólida, sin un esfuerzo educativo muy, muy fuerte no vamos a salir adelante a pesar de que utilicemos cualquiera de estos instrumentos. Una educación cogestionaria, una educación legada al trabajo, una educación permanente.
Yo pienso que si entramos en un esfuerzo de definición de estos instrumentos, ligados a la preocupación por el desarrollo tecnológico que lo mencionó con toda razón Saúl- y la preocupación por la revolución de la información y de las comunicaciones, porque la brecha digital crece todos los días y se está convirtiendo en un instrumento más para aumentar la brecha social y la brecha económica, a eso tenemos que entrarle también y tenemos que ponerlo como una preocupación. Si nosotros comenzamos a discutir estos temas y buscamos los medios y los instrumentos para caminar adecuadamente, creo que lo vamos a lograr, y lo vamos a lograr poniendo por delante las necesidades de las grandes mayorías. El bienestar del mayor número que definió don Pepe y que recordó Saúl, es la plantilla con la que tenemos que medir la validez de nuestras políticas; ¿Funcionan para el mayor número? ¿benefician al mayor número? Las respaldamos; como en el Gobierno de don Luis Alberto Monge que mencionó Saúl, donde se tuvo que aplicar un ajuste económico muy duro por la catástrofe económica, pero se aplicó al mismo tiempo un vigorosísimo plan de compensación social que permitió recuperar empleo, que permitió dar capacitación a los trabajadores que no la tenían, que permitió la inserción en el esfuerzo y el mejoramiento de un gran sector muy importante de la población costarricense. Muchas gracias.
Guillermo Zúñiga: Muy breve, porque más bien quiero ver qué tienen ustedes ahí en el tapete, en la cabeza. Quisiera rescatar de lo que hemos hablado hoy en la noche –y me llamó la atención como se complementaron las exposiciones, como si nos hubiéramos puesto de acuerdo y confesamos que no-. Si algo ha tenido este país y el Partido Liberación Nacional, es la enorme capacidad de poder maniobrar dentro de todas esas propuestas paquetes que vienen a Costa Rica. Y entonces hemos ido haciendo ajustes y hemos ido haciendo cosas, pero de una u otra forma siempre hemos tenido la capacidad de ir compensando, y la verdad que si uno analiza la aplicación del Consenso de Washington en Costa Rica, uno no puede decir que se ha aplicado plenamente al cien por ciento. Pero eso me lleva a una preocupación que quiero compartir con ustedes, justamente a propósito del tema de la teoría y los ajustes y todas estas cosas – que yo no me referí antes pero lo voy a hacer muy brevemente-. Saúl de alguna forma lo tocó, -el tema de la estabilidad macroeconómica , no sé como fue la planteaste- que es crucial, y la verdad es que ahí la también aplicación del ajuste, es decir, el Banco Central se mueve en una disyuntiva tan terrible que si ajusta la economía lo que hace es provocar desempleo o contracción de la actividad productiva y si no la ajusta, en la de menos no genera la actividad productiva o el empleo que se requiere. Y entonces si hay un tema, me parece a mí, sobre el cual habría que poner fuerza es realmente ver cómo se va a conciliar -desde el punto de vista conceptual y luego político- esa relación entre una economía que queremos que esté estabilizada, una economía que queremos que se modernice y que al mismo tiempo queremos que reparta y crezca. Es muy fácil decirlo, pero no es tan fácil echarlo a caminar. Sobre todo, si -como ahora Marcelo también reitera- estamos convencidos que el paradigma con el cual hemos estado acostumbrados a hacer política económica nos está quedando corto.
Yo lo que quisiera sinceramente, sería ver al Partido discutiendo este tipo de cosas, porque esto no puede ser la elaboración de un sabio que se le ocurrió que a él lo iluminaron y entonces nos dijo esto es así. Yo creo que esto es una cosa que verdaderamente requiere de un trabajo colectivo tan intenso, porque cada quién va a ir a aportar un pedacito pequeño a esa verdad que estamos tratando de encontrar.
A mí me encantaría que una cosa de este tipo fuera un objeto de estudio en el congreso, por ejemplo. Donde ahí nos veamos las caras y lo discutamos, y ¡qué carajo! si no estamos de acuerdo o estamos en desacuerdo, pues no importa, pero que tratemos de aclararnos porque es la única forma en que, efectivamente, podemos incorporar esa sabia nueva a la acción del Partido.
Saúl Weisleder: Muchas gracias. Yo creo que Guillermo lo ha dicho y Marcelo también, creo que lo que corresponde ahora, lo más importante es el intercambio entre todos. Dos elementos nada más: el reto creo yo que en estos momentos para nosotros cambia un poquito de naturaleza –yo es que creo siempre, no crean, no electoreramente, no se trata de una cosa electorera- pero yo tengo muy claro que todo lo demás es una reflexión académica si no hay ejercicio del poder. Entonces, una de las cosas por las que hay que luchar es lograr poder llegar a ejercer el poder. Entonces, el reto en ese sentido, es más complejo por las cosas que se han planteado en los últimos tiempos. Daré dos elementos nada más. Uno, digamos, por la reelección de Bush en los Estados Unidos lo cual consolida, digamos, una visión que es en general antitética con lo que nosotros quisiéramos impulsar en una serie de aspectos, yo no voy a decir que en todo, pero se ponen las cosas más cuesta arriba. Y lo Segundo es pensar de dónde los viene el desafío a nosotros en estos momentos. ¿De dónde nos viene? O sea, obviamente, de muchos lugares, pero el desafío conceptualmente, programáticamente, nos viene de ex socialdemócratas o ex liberacionistas, fundamentalmente.
Entonces, en ese contexto poder hacer un planteamiento coherente con lo que queremos, pero a la vez diferenciador frente al pueblo en general. Yo creo que es un desafío extraordinariamente difícil.
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